Escribo esta carta sin ánimo de polemizar y mucho menos desde una posición política o ideológica. Tampoco pretendo hacer un análisis sobre la marcha general de nuestra provincia, a la que considero razonablemente buena dentro del contexto que nos toca vivir. Quiero simplemente detenerme en algo mucho más sencillo y, quizás por eso, pocas veces discutido: la estética y el cuidado del lugar en el que vivimos. Digo nuestra porque Tucumán no es de unos ni de otros. Es de quienes la gobiernan en el ámbito provincial, municipal o comunal y de quienes la habitamos. Es el lugar común que compartimos, el que nos pertenece, y sobre el que, de una u otra manera, todos tenemos alguna responsabilidad. Y digo querida porque, además, le tenemos un cariño inmenso. Es nuestra tierra, nuestra casa, el lugar donde vivimos, trabajamos, criamos a nuestros hijos, es donde construimos nuestras historias. Por eso me preocupa verla descuidada y deteriorada. Caminar por nuestras veredas disfrutando de su belleza se ha convertido en una tarea que requiere demasiada imaginación. Pareciera ser que nos olvidamos de cuidar el lugar que habitamos. Es como si nos faltara un ¨ministro de belleza¨. Hablamos de un tema que debería agregar valor emocional, turístico e incluso patrimonial. Nuestra provincia ya es el motor económico y productivo más grande de nuestra región; imaginen lo que podríamos llegar a ser con el impulso de un entorno urbano a la altura de este orgullo. Imaginen los resultados de la sinergia que podríamos generar. Podría extenderme largamente enumerando situaciones que encontramos todos los días. Solo mencionaré algunas a modo de ejemplos. La basura es, para mí, una de las más preocupantes. Ver nuestras rutas cubiertas de bolsas plásticas y las márgenes de nuestros ríos convertidas en basurales es, por lo menos, decepcionante. Ver personas buscando dentro de contenedores o entre las bolsas de basura ¨algo¨ que pueda servirles para subsistir es, además de triste, una situación que debería interpelarnos. Ver los residuos desparramados alrededor de los contenedores después de que alguien los ha revisado buscando su sustento también habla de un problema que necesita soluciones. Ver el estado de abandono, deterioro y suciedad de las veredas y frentes de tantas casas deshabitadas es deprimente. Ver nuestras veredas cubiertas por las necesidades de las mascotas es una falta de respeto hacia quienes las transitamos. Y qué decir de nuestras veredas rotas: desprolijas, feas y, muchas veces, hasta peligrosas. Podríamos agregar a esta lista el caos del tránsito, las obras que durante meses dificultan la circulación y ese conocido cartel que anuncia: estamos trabajando para usted, sepa disculpar. No quiero sobreabundar. Creo que para empezar alcanza. Estoy convencido de que muchos de estos problemas tienen soluciones que no requieren grandes inversiones, sino fundamentalmente decisión, creatividad, gestión y, en algunos casos, simplemente hacer cumplir las normas que ya existen. Si logramos coordinar ese esfuerzo, le daremos a Nuestro Querido Tucumán un envión de hermosura que potenciará cada comercio, cada rincón turístico y cada espacio de nuestra vida diaria. Seguramente habrá muchas ideas mejores a las que pueda imaginar una sola persona. Por eso me gustaría que esta carta sea el comienzo de una propuesta y de una gestión compartida por quienes habitamos esta provincia. Quizás podamos generar una conversación: esa que no busca imponer, sino la que encaramos con la actitud necesaria para dejarnos convencer si fuese el caso. Con el mayor de los respetos, los invito -reitero, a todos, sectores públicos y privados- a que hagamos un esfuerzo por vivir en una ciudad más linda, limpia y ordenada. Si nos comprometemos, en poco tiempo podremos notar la diferencia.
Domingo Colombres
domingocolombres@hotmail.com